YOGUI
YOGUI Lo veo cada día. Las piernas dobladas, en flor, imposible lazada, las manos ocultas tras años de barba y el gesto dormido, sepulto, insensible, al frío, al calor, a la propia mirada. Asceta centenario enmohecido, aburrido, arropado por harapos, estropajos del pasado. El tiempo, carcelario, terrenal, ese sensual anclar de espacio y movimiento, te alza en inmortal abatimiento de lo carnal, lo suculento. Traspasa el viento tu barrera natural que ya es pellejo lejos de lo sensorial. Y me pregunto: ¿no es inmoral amontonar así los huesos, usar el peso para cosa tan banal, dormir los sesos, dar un receso permanente al caminar, matar los besos, cerrar los ojos al color, a la ciudad, vivirse solo, apaciguar al corazón en el vacío, latir en blanco, respirar como verdad y renegar del albedrío, hijo molesto de Deseo y Libertad? ¿No es inmoral negar el barro y la alegría? Lágrimas frías, riegan su seco rostro y mi caminar, lágrimas frías, cuando no qu...